12 agosto, 2020

«Sanas Palabras» 3 de julio

3 de julio

Trataré, en lo adelante, de no ponerme meloso, ni melodramático; pero ya saben, empiezan las despedidas y los momentos alegres se confunden con los tristes. Hoy festejamos —como suele hacerse en el hospital— el cumpleaños de dos amigas italianas: la doctora Paola, que arriba a sus veintiséis años, y la auxiliar de enfermería Carla, que celebra su número cincuenta y dos. El cartel que prepararon hace notar la diferencia de edades de manera sutil: “26 + 26”. Las dos han sido grandes amigas de los cubanos.

“Los festejos en estos días no pueden ocultar el hecho de que nos despedimos.” (Nota del autor.)

Pero los festejos en estos días no pueden ocultar el hecho de que nos despedimos, de que cada encuentro puede ser el último. No solo nosotros nos vamos, el hospital cierra la semana próxima y todos, de una manera u otra, se van. Los más jóvenes, sin trabajo, con la esperanza de aprobar los exámenes de ingreso para las becas de especialidades y de ser seleccionados, porque este año redujeron las plazas de forma drástica.

Paola, que ha aprendido más español que nosotros italiano, no quiso esta vez darme una “declaración” grabada. Me dijo: “no puedo, estoy emocionada”, me miró con los ojos llenos de lágrimas y me abrazó. En una ocasión anterior me había confesado: “Ustedes trabajan con alegría, y eso es importante. Yo he aprendido más en esta experiencia que en cualquier otra anterior durante mis años de estudios”. Carla también lloró, en una esquina, sin que muchos la vieran. Las despedidas son tristes, pero, si lo son, es porque las personas han creado lazos. El doctor Sergio Livigni, director del hospital, me pidió que le autografiara mi libro sobre la experiencia cubana frente al ébola en África, que había comprado en su edición inglesa por Internet. Al final, escribí: “…que la amistad sobreviva al virus”.

“…que la amistad sobreviva al virus”, esa será la frase de cierre del OGR.

Enrique Ubieta