26 diciembre, 2018

Una Bandera de Diseño Ejemplar

Jorge R. Bermúdez

La influencia de la bandera del estado de Texas en la cubana es evidente. Sin embargo, el diseño de la cubana la supera con creces. La tejana está más apegada a la tricolor francesa. La cubana, aunque usa los mismos colores, se desmarca por completo de los dos referentes aludidos, el tejano y el francés, al otorgarle a sus novedosos elementos (triángulo equilátero, estrella, franjas horizontales azules y blancas) una no menos novedosa distribución, que le confiere la visión otra contentiva de un nuevo patrón de diseño para esta función. Si el triángulo es la propuesta de López, incluso, yendo contra las leyes de la heráldica, es por su condición de masón, como bien lo señala el novelista Cirilo Villaverde, quien diera testimonio escrito sobre la reunión que dio origen a nuestra enseña nacional en el verano de 1849, en Nueva York.

El mundo espiritual, representado por el triángulo, prevalece sobre el material, representado por el rectángulo. Simbolismo que homologa a ambas formas geométricas con el delantal o mandil del maestro masón. Los que intervinieron en el diseño de la bandera cubana fueron conscientes de las conexiones de la masonería con los ideales republicanos y laicos y, probablemente –ya que no tenemos pruebas al respecto–, con su pasado remoto: la arquitectura medieval, que es como decir, con un nuevo momento de la evolución del pensamiento judeo-cristiano. No obstante, la carga histórica y simbólica de la que era portadora la nueva bandera, necesariamente, concluyó por identificar cada uno de los lados del triángulo equilátero o parte espiritual de la misma, con los tres mandamientos de la ideología del republicanismo moderno: igualdad, fraternidad y libertad. En tanto que su parte material, las franjas azules del rectángulo, con los tres departamentos en que se dividía entonces la Isla: Oriente (franja azul superior), Centro (franja azul central) y Occidente (franja azul inferior).

Imagen de Carteles, No. 23. 13 de Octubre de 1946.

Andrés. Carteles, No. 23. 13 de Octubre de 1946

Si el triángulo es resultado de la condición masónica de Narciso López, la estrella, centro y guía de todos sus elementos, evidencia desde un primer momento el espíritu republicano y, por extensión, independentista de la bandera. Aspecto este último, del mayor interés para el análisis de su diseño. Veamos: sobre la horizontal, el triángulo equilátero es la forma por excelencia de la estabilidad; pero sobre la vertical, tal y como sucede en la bandera, es la forma opuesta a la inercia y, por consiguiente, presupone en todo momento una dirección (contraria a la vertical mayor o asta) y un inicio de movimiento. En términos de percepción humana, estos dos valores, la dirección y el inicio de movimiento, se ven reforzados por las cinco franjas horizontales que de él nacen: las tres azules y las dos blancas, si partimos de una lectura visual de izquierda a derecha como presupone la orientación psicofisiológica del organismo humano o, al menos, como lo refrenda la ciencia de la cultura occidental. Esta acentuada unidireccionalidad de la bandera cubana, lleva a una lectura final con predominio de la horizontal. Sin embargo, esta no es una horizontal común a otras banderas que hacen igual uso de franjas o bandas, sino una muy particular que, por el triángulo que la inicia y penetra, genera, por color y forma, tal tensión y preferencia, que solo puede interpretarse como expresión de actividad y vigor.

La estrella es lo que es, por los elementos que la complementan y sustentan, y que le dan esa condición de símbolo del símbolo dentro de la unidad que aspira a tener toda bandera con un diseño orgánico. Y la nuestra, por esa feliz coincidencia de la subjetividad humana, las circunstancias históricas y los valores propios de la masonería de su tiempo, a la cual pertenecieron todos nuestros grandes hombres, es de las más originales y mejor diseñadas del mundo. De ahí que, por posición, color y forma, el triángulo equilátero rojo, que la ostenta, sea el elemento que le sigue en importancia. A propósito, es la primera bandera de un estado nacional en articular su diseño a partir de un triángulo, y la primera también en ir contra las leyes de la heráldica, al ubicar la estrella sobre campo rojo. Su diseño influyó en los pabellones de Puerto Rico y Las Filipinas. Un número importante de naciones que se independizaron del colonialismo y el neocolonialismo en el pasado siglo, diseñaron sus banderas inspiradas en la cubana.

Es la primera bandera de un estado nacional en articular su diseño a partir de un triángulo.

En cuanto al símbolo estrella, tiene una antigüedad mayor que el triángulo: la de los hombres primeros que interrogaron al cielo. En la tradición judaica, si el triángulo equilátero simboliza a Dios, innombrable e irrepresentable –de donde le llega al Islam y a la masonería–, las estrellas obedecen a los caprichos de Dios, y los anuncian a veces (Is. 40,26; Sal 19,2). Una estrella anuncia la llegada de su Hijo. Daniel, al describir la suerte de los hombres en la resurrección, no encuentra símbolo más apropiado que el de la estrella para caracterizar la vida eterna de los justos. La versión patriótica de tal resurrección, por así decirlo, la encontramos en el poema “Yugo y estrella” de José Martí. De él es la nota donde refiere el comentario que le hiciera Domingo Ruiz con respecto a la explicación que le dio Narciso López de la bandera cubana, cuando este le manifestó que “del triángulo rojo, fuerza y sangre, saldrá la estrella radiosa”.

Para los alquimistas el triángulo era símbolo del fuego y también del corazón. Tampoco debe pasarse por alto que el gorro frigio usado por los revolucionarios franceses y devenido luego emblema de la Patria y la República, era rojo, y que una síntesis gestáltica del mismo puede dar la sensación abreviada de un triángulo. Para los constructores o masones lo esencial era hallar el centro, definir el punto a partir del cual se ordenaría el sistema estructural dinámico y tridimensional de la catedral gótica. En el espacio bidimensional de la bandera, ese punto o centro es la estrella. Ella llama a un orden, y también a perpetuar el recuerdo de los justos y mártires que murieron por defenderla. No es casual que la disposición de la bandera al cubrir un féretro contemple el triángulo en la cabecera y la punta superior de la estrella sobre el hombro izquierdo del difunto. La estrella anuncia el triángulo; el triángulo, la bandera. Izada, la llamada punta superior de la estrella, es justo aquella que señala el norte, entre las puntas dos y cinco –de izquierda a derecha–, las que están alineadas con el borde superior de la franja azul central. Posición esta última, que contribuye a destacar la dirección que anticipa el triángulo y refrendan las franjas. Ella es principio y fin de la bandera, tal y como la estrella Polar desempeña en la simbólica universal el centro absoluto en torno al cual pivota perpetuamente el firmamento. Todo el cielo gira en torno a este “motor inmóvil”, como la llama Aristóteles. Así, también, todos los elementos de la bandera se orientan en torno a la estrella, con toda esa fuerza y sangre, para decirlo con palabras del propio López, que le propicia el triángulo que la ostenta. En consecuencia, el recorrido visual adopta otra intensidad, al discurrir, por último, por las franjas azules y blancas –por color, continuidad de la estrella–, creándose una interrelación entre bandera y entorno natural, cuya lectura final es la del viento. Veamos cómo traduce al verso esta cualidad del pabellón cubano el poeta matancero Agustín Acosta:

Gentil, gallarda, triunfal,
tras de múltiples afrentas,
el romántico ideal;
cuando agitas tu cendal
tal emoción siento en mí
que indago al celeste velo
si en ti se prolonga el cielo
o el cielo surge de ti.

A no dudar, la bandera es la primera obra de vanguardia de nuestra cultura visual.

Tomado de la Revista La Tiza No.5