Entrevista a Pepe Menéndez, Premio Nacional de Diseño del Libro 2017
“Perderíamos mucho si la imaginación se va de Belascoaín 710”
Miriela Fernández
—Hemos hablado casi dos horas.
—Sí, espero que te haya servido. Ahora te toca a ti dar forma a todo esto…
Así nos despedimos. La conversación había transcurrido en Casa de las Américas, institución a la que mi interlocutor ha dedicado gran parte de su trabajo desde 1999. Hubo que abrir las ventanas porque bajo aquel apagón imprevisto parecía que era una tarde de los 90. Él tiene porte de literato o músico argentino de rock. No sé. Tal vez son influencias sobre las que no pregunté. José “Pepe” Menéndez es profesor, curador, cartelista, diseñador gráfico perteneciente a la primera hornada salida del Instituto de Diseño (ISDi) de La Habana, la escuela de Belascoaín 710, y recientemente, Premio Nacional de Diseño del Libro 2017.
Un olor luminoso desprendido de sus carteles, que atrapan la mirada desde la pared-ilustrada también con los trazos de Camaleón [1], iba disipando la oscuridad, lo mismo que sus palabras, las cuales extraían de épocas como las del Período Especial, experiencias alentadoras. Fue el caso de Next Generation, “por lo que no ganábamos dinero ni dejábamos una obra para el currículum, pero reafirmaba que lo que hacíamos tenía un sentido”; era “una tabla de salvación en medio del mar revuelto” de aquellos años, dice. Ahora lo animan proyectos con propósitos similares como el Club del Cartel, aunque con las características de otro tiempo.
De todo ello conversamos. Él posee, además, algo de filósofo y por eso sus respuestas son sinuosas, pero enriquecedoras. El diálogo igualmente se rehace con cuestiones que van apareciendo. No obstante, frente al espacio la escritura también precisa la síntesis. Algunos fragmentos quedarán para una segunda parte. Aquí se presenta a un hombre que ama su oficio, sobre todo el cartel, y vive atento a los cambios que insinúa la realidad para seguir pensando el lugar de “su” creación en un contexto donde peligra el patrimonio de la cartelística cubana, “como una piedra que se cae de una torre”, y donde “no se puede perder la oportunidad de que el diseño deje una huella”.
¿Cómo se siente al ser valorado por diseñadores más jóvenes, integrantes del jurado que le concedió este premio?
El jurado tenía dos jóvenes, Alexis Rodríguez Diez Cabezas y Ranfis Suárez. Estaba quien obtuvo este mismo premio en el 2016, y además, un crítico de arte. El hecho de que se haya conformado así da cuenta de cómo está el diseño editorial hoy en Cuba. Aquí se producen dos grandes grupos: los veteranos y los formados en el ISDi. Antes de mí recibió este premio Nelson Ponce, sobre todo por su trabajo como ilustrador. Los otros, quitando a Masvidal, lo han alcanzado a una edad muy avanzada. Me siento tan a gusto si soy considerado el más joven de los viejos como si me consideran el más viejo de los jóvenes porque provengo de esa universidad que fue un corte y representa la primera institución que sistemáticamente ha producido graduados universitarios, aunque haya habido otras escuelas como antecedentes valiosos.
Si alguien más joven atiende y busca lo que uno hace, es estimulante porque se supone que esa persona mira hacia lo que le ha antecedido con cierto recelo y con una actitud natural de desafío, sobre todo si lo tiene muy pegado en el tiempo. En mi caso, que he admirado la obra de Muñoz Bachs, Rostgaard, Conrado Massaguer, por mencionar algunos, al no considerarme retado por ellos, puedo darme el gusto de demostrar devoción por esos creadores. Pero si se coincide temporalmente es más difícil porque es la persona con la que tú estás en la fraterna lid de la creación. Si por alguna circunstancia recibo una palabra, un gesto de respeto de alguien que es más joven, lo agradezco mucho porque al menos no me están excomulgando. Eso es importante para mí pues en lo que hago como diseñador, y en otras cosas, trato de ser inclusivo. Cuando firman un papel como jurado, Ranfis, que es un diseñador con inquietudes de todo tipo, o Diez Cabezas, que es un profesional de un alto nivel, para mí constituye una suerte. Me siento honrado.
Entre las diferentes especializaciones por las que ha transitado dentro del diseño, ¿cuál le ha reportado mayor satisfacción?
La docencia reporta mucha satisfacción y, aunque es muy agotadora, haberlo hecho significó un tiempo hermoso. El mundo del cartel es muy agradecido porque da mucha visibilidad y permite que el punto de vista del diseñador se asome, y se incorpore al del cineasta, el dramaturgo, el poeta, el artista de circo, si hablamos de un cartel cultural; también si es un cartel político se puede manifestar. Además, generalmente el cartel se hace en un corto tiempo. El diseño editorial, por su parte, es un trabajo de paciencia, sistematicidad. Es a largo plazo. Otros ámbitos del diseño gráfico tienen otras particularidades, con su virtud, pero el cartel da visibilidad y gratifica al creador si es diestro en ese campo.
¿Cuáles proyectos concretos mencionaría como ejemplos de esa realización profesional?
El valor de un trabajo podría ser desde que lograste redondear una idea hasta que aportaste una solución oportuna. Hice por encargo un cartel para un festival de la Alianza Francesa y francamente no era algo extraordinario, pero es el que más me han pedido. Tomé la cara de la protagonista de Amelie Poulain del cartel original del filme y lo puse sobre un fondo rojo muy brillante, con una composición agradable, y se imprimió bien, cosa rara porque de eso generalmente siempre nos quejamos. Fue un cartel eficaz en el sentido tradicional de que las personas se sienten a gusto con esa imagen.
Ha habido otros que por el alcance, por las circunstancias traen otras gratificaciones, un ejemplo es el cartel para el concierto Paz sin fronteras en la Plaza de la Revolución en el 2009. Tenía que hacer la propuesta en 24 horas al Ministerio de Cultura y la imagen fue aprobada a la primera. Los productores del concierto y el propio Juanes quedaron encantados con la idea y se hicieron dos impresiones descomunales.
No puedo dejar de mencionar que mi trabajo en Casa de las Américas, donde llevo casi 20 años, me ha dado una satisfacción cotidiana, porque tengo la oportunidad de ver la revista Conjunto, los libros, y hasta las paredes forradas con carteles. Son la suma de pequeños pedacitos a lo largo de mucho tiempo y eso es una satisfacción con mayúscula.
Aun cuando el diseño gráfico en Cuba ha experimentado un renacimiento, a veces me parece que en la experiencia cotidiana falta esa visualidad…
Quizás a la cultura es a la que mejor le ha ido. Muchos diseñadores se realizan en ese campo. Si reparas en los grandes eventos culturales puedes aceptar que detrás de esas construcciones de imágenes hay una creación profesional, nueva, propositiva. Si piensas en el festival Havana World Music; el festival de Cine Latinoamericano; algunos programas de televisión; las publicaciones, que sufren mucho en la calidad de impresión, pero también se han renovado…
Los sitios web de instituciones tienen intenciones de mejorar. Los servicios privados poseen una intención de comunicación donde también hay diseñadores. En espacios sociales como los policlínicos, tal vez todas las soluciones no son buenas, pero tienen gigantografías explicativas. Lo que pasa es que la realidad se está dividiendo en dos y hay una parte a la que todo eso no llega. La televisión la ve todo el mundo, el que tiene bajos y altos ingresos; pero hay un sector de la población que se ha seccionado, que se sigue moviendo de la bodega, a quien te pega la suela, a la guagua, a la escuela, que es otro lugar donde el diseño está muy desfavorecido.
La limitante económica sigue siendo fundamental. A todas las facetas de la sociedad les toca compartir ese drama. Aun así, y a pesar de los logros que demuestran una capacidad y una masa de creativos con formación —unos en el sector privado, otros en instituciones, o a caballo entre las dos, solos o en equipo— siempre están subutilizados, si hablamos de diseño gráfico porque en el industrial, están ignorados. Pero hay ganancia en torno a la percepción de la población sobre la importancia del diseño, aunque es enorme lo que desaprovecha en todas las esferas, y en el mundo no se pierde la oportunidad de asentar un mensaje, acuñar una idea con el diseño, dejar una huella.
¿Cuál podría ser el aporte del diseño al contexto cubano actual?
Para mí hay un rol que está a otro nivel. El diseño se halla en el corazón del desafío que tiene Cuba de preservar su identidad cultural. Por el camino que está el mundo, la erosión de la identidad cultural es muy violenta. Todo se tiende a homogeneizar, a parecer. Con el turismo puede que erosionemos la naturaleza y la cultura a pasos agigantados, y no es que vayas a cerrar la ventana porque ella ya no existe. Cuando estábamos muy cerrados creamos un diseño endógeno, había cosas que se colaban por debajo de la puerta y así brotó aquí algo que fue maravilloso. Pero ya eso pasó y lo que tenemos es un hueco al mundo. ¡Qué bueno!, pero hay cosas que pudieran borrarse. Siento que la tradición de nuestro cartel es un patrimonio. Si nos conformamos con que el taller de serigrafía del ICAIC hace más de un año no imprime ningún cartel, desaparece. Con ello, se cae una piedrecita de esa torre, una piedra que es un patrimonio. Por ese camino la torre se va a desmoronar.
La terrible paradoja es que a la vez que Cuba está postulando la producción histórica de cartel de cine del ICAIC, que cumple 60 años, como patrimonio de la humanidad, está cerrando el taller. En el contexto de la evolución actual del mundo y de Cuba, el diseño gráfico tiene una responsabilidad de la que no somos conscientes todavía, de la que no son conscientes casi ninguno de quienes nos dirigen.
Usted ha definido el diseño como “belleza útil” y ha subrayado entre sus componentes a la técnica, pero también al arte. En estos tiempos, ¿cómo lograr que el lenguaje de los diseñadores se haga con esos elementos y no solo con el de la mercadotecnia?
Perdemos mucho si se llega a percibir que la imaginación se ha ido de Belascoaín 710. Se deben dar las herramientas para enfrentarse a un tiempo que es el de la mercadotecnia, pues el mundo se mueve así y también paga las consecuencias de hacerlo de esa manera. Pero si la universidad destierra la imaginación se va a reducir a habilidosos imitadores de cosas que ya existen, porque es esta la que logra la diferencia. En el diseño la caja negra es la solución imprevista, la que va a ser un salto. Suscribo eso que dije de que es tanto un arte como una técnica.
Para quien ha vivido momentos distintos del devenir más reciente del diseño cubano, ¿qué experiencia dejó Next Generation en plenos 90?
Next Generation hay que entenderlo como la reacción de un grupo de diseñadores jóvenes salidos de la academia ante una realidad que todavía era hostil porque había poco reconocimiento, comprensión y, debido a la crisis de los 90, una circunstancia adversa para el desarrollo profesional. Fueron los primeros graduados del ISDi en busca de una visibilidad, repercusión de lo que ellos hacen y son. El nombre vino porque el Consejo Internacional de Asociaciones de Diseño Gráfico, según las siglas que tenía la mayor organización de su tipo, había creado un movimiento para diseñadores jóvenes que se llamaba así. Cayó en mis manos una información sobre eso y reuní a un grupo de amigos. Ese fue el origen. Teníamos la idea de hacer cosas que nos dieran sentido de grupo, con el pretexto de que participábamos en algo mayor.
Fue como una tabla de salvación en un mar revuelto. La sola idea de que desde el apagón pudiéramos enviar algo para un libro sobre el tema del renacimiento del diseño y que cada uno pudiera hacer una página significaba que no estábamos solos o en el abismo. Cuando llegaron los libros para nosotros, fue un soplo de vida.
El Club de Amigos del Cartel en esta época es algo similar. El objetivo principal en estos 11 años ha sido hacia adentro, hacia la gente. Tiene una función de autoconciencia cuando nos reunimos una vez al año y ponemos todo eso en el piso, hay una conciencia de pertenecer a un mismo tronco que viene del siglo XX.
Al recibir el premio de diseño, usted dijo que un creador como Umberto Peña merecía también este reconocimiento. ¿Cuál es su impronta en el diseño cubano?
Este es un diseñador que se fue de Cuba y para aspirar a un premio nacional hay que ser residente cubano. Es un creador con una obra muy valiosa, destacada en este campo del diseño editorial. Pertenece a esa generación de ilustrísimos de los 60. Trabajó en Casa de las Américas y aunque también hizo carteles, su fuerte estuvo en lo editorial; además, dio una visualidad muy particular, compacta, coherente y de trascendencia a esta institución. En ello fue un caso sin parangón. Por cerca de 20 años construyó solo el rostro de una institución, que se expresaba en sus publicaciones periódicas y no periódicas, exposiciones y en la papelería. El premio se ha dado 20 veces y no está Umberto Peña. Por eso lo dije, para que se repiense, y ojalá este fuera el primero en el que se inaugure la posibilidad de que un creador que esté fuera de la Isla, si no tiene nada en contra de aceptar el premio, pueda ser reconocido.
En este mundo donde muchas soluciones se repiten, ¿dónde están las influencias más actuales de su creación?
Ese es un anhelo que tiene la persona, el deseo de buscar. No me considero demasiado renovador ni inquieto. Creo en la utilidad de lo que hago y si el trabajo de otro es renovador, me siento estimulado. Siempre he trabajado aquí con gente más joven. Ahí hay una búsqueda de estímulos nuevos porque tienen otras estéticas. Ellos tienen otra sensibilidad y atiendo mucho a eso ya que puedo extrapolarla también a lo que hago.
El diseñador debe saber verse a sí mismo, ser consciente de cómo trabaja, en qué se repite, qué soluciones reitera sin haberse dado cuenta, cuáles son más efectivas. Una cuestión importante es aprender a aprender, para lo que se necesita también madurez. Eso es una herramienta. Se trata de estar atento a por dónde va el mundo, pero también a uno mismo. Hay un enriquecimiento de la persona cuando además de su trabajo hace algo que le da placer. Eso el diseño lo tiene clarísimo. El diseño es algo aprovechable y disfrutable porque es un trabajo que va directamente en sentido contrario a la rutina.
Notas:
1. Grupo de ilustración, creado por el diseñador Nelson Ponce y sus alumnos David, Darien, Idania y Sarmiento, impulsor de una renovación en ese ámbito y en el diseño en general.
Tomado de Revista La Tiza No.4



