Siglo XXI y el diseño de una nueva humanidad
Andrés Valencia
Vivimos en un mundo complejo y volátil donde las circunstancias adversas han sido, para bien o para mal, consecuencia de tomadores de decisiones con un perfil político, administrativo o financiero. Es tiempo de que un nuevo tipo de persona sea quien lidere (lideremos) nuestro progreso y, si existe ética en el mundo, dejar que nuevas generaciones tomen control de los futuros que se aproximan.
El mundo vive en un sistema contrastante, por un lado, todos los días se desarrollan soluciones para los grandes males, pero a la par, los grandes males siguen ganando terreno; parece una guerra entre los grupos de poder y el resto de los mortales. Obviamente, los grandes problemas son grandes negocios, por ello no se adoptan las soluciones; sin embargo, lo maravilloso de esta época es que nunca había sido tan sencillo generar nuevos modelos revolucionarios y replantear situaciones adversas.
El cambio como una transición de mejora no es resultado de una gran solución, sino de muchas acciones sistemáticas que impacten en distintas capas al mismo tiempo; se requieren equipos multidisciplinarios y multiperspectiva, y eso es lo que convierte al diseño estratégico y prospectivo en el antídoto perfecto. A los diseñadores del mundo, en especial a los latinoamericanos, los convoco a comenzar a integrarnos para catapultar la economía creativa; es una tarea compleja, pero si nuestra mentalidad cambia y empezamos a tener consciencia de que escenarios deseables dependen de nuestra actitud frente al futuro, el Diseño entonces empezará a tener impacto en cuatro grandes escalas:
1
Diseño para temas sociales, desde comportamientos, recuperación de espacios y uso inteligente de recursos. Soluciones a nivel de interacción, espacios, contextos y recursos naturales.
2
Diseño para nuestra cultura, aquellos proyectos que puedan elevar nuestra moral y dignidad como región, ciudad y país. El diseño para la cultura influye para bien en nuestros valores, creando mejores ciudadanos, profesionistas y habitantes de este planeta. Soluciones a nivel ideológico, formativo e intelectual.
3
Diseño para la economía, que genera valor humano y comercial, y riqueza a partir de la verdadera atención a necesidades. Reactivación de microeconomías que impacten en lo macro. Diseño inteligente y de valor de nuevos productos y servicios, redefinición de los existentes, rediseño de lo obsoleto y reinvención en puntos de tensión. Modelos de negocio autosustentables y colaborativos.
4
Diseño político para impulsar mejores condiciones en las capas mencionadas con anterioridad; facilidad de aplicación de soluciones desde y para la gente. Políticas públicas que animen y faciliten el mejoramiento de la calidad de vida. Las soluciones pueden iniciar desde el alineamiento de visiones a largo plazo para entender cuál es la versión ideal del país que queremos, hasta el rediseño institucional del organigrama que impulse nuevos sistemas políticos. Un concepto que puedo denominar como diseño de nación.
La aplicación del diseño, y la participación de los diseñadores en las escalas referidas, llevará mejoras en las siguientes áreas estratégicas (sin ser limitativos, entendiendo que puede haber más):
Servicios públicos y comerciales, aquellos que por derecho humano debemos tener, desde iluminación y salud hasta los relacionados con la organización de la ciudad.
Entornos y comunidades, donde sin importar la región, la nueva visión deberá aplicarse en cada rincón. El mejoramiento de entornos y microcomunidades para mejorar dicho ecosistema e impulsar a las ciudades del futuro: contextos más inteligentes y funcionales.
Movilidad e inclusión, problemas globales que necesitan atención inmediata. El diseño como derecho humano que atienda fallas de accesibilidad, inclusión y tolerancia.
Medioambiente y recursos naturales, pues la economía global está en riesgo debido a la fase crítica en la que se encuentran los recursos naturales. Según diversos estudios de universidades, fundaciones y organizaciones privadas, en nueve años el suministro de café será insuficiente, en 25 años no habrá suficiente agua potable y en 30 años la calidad del aire será tan mala que no podremos estar a la intemperie por más de cinco minutos sin ayuda de algún dispositivo tecnológico. ¿Es este el mundo que queremos?
El mundo requiere que las nuevas generaciones seamos pensadores, solucionadores de problemas y guías creativos para detonar una nueva era de bienestar, equilibrio y prosperidad. Para ello existe el diseño, el verdadero nuevo orden mundial que necesitamos.
Es del dominio público aquella frase que nos invita a realizar las cosas de forma distinta para obtener una nueva clase de resultados; sin embargo, las preguntas para nuestras organizaciones (sin importar si son públicas, privadas o gubernamentales) tendrían que ser: ¿qué significa hacer las cosas de manera distinta? Más importante aún, ¿de quién podrá depender este liderazgo? ¿Qué tendríamos que hacer para cambiar nuestra pobre realidad? ¿Cómo atender, anticipar y prevenir estos escenarios distópicos?
El mundo requiere que las nuevas generaciones seamos pensadores, solucionadores de problemas y guías creativos para detonar una nueva era de bienestar, equilibrio y prosperidad. Para ello existe el diseño, el verdadero nuevo orden mundial que necesitamos.
En conclusión, lo estándar en la industria y el status quo no tendrán la intención ni el liderazgo para influenciar la historia, por ello, si de alguien depende la transformación es de nosotros, personas pioneras con mentes revolucionarias dispuestas a creer que podemos vivir mejor, entendiendo el nuevo rol del diseño para las complejidades del siglo XXI, de ahí la importancia de cambiar planes de estudio, mentalidades en el cuerpo académico y redefinir paradigmas en la industria.
Tomado de la Revista La Tiza No.3


