Diseño con ciencia
Sergio Luis Peña Martínez
Hoy, al decir “Diseño”, es probable que nos venga a la mente Giorgio Armani o Philip Starck, diseñadores de moda o de élite estética, en lugar de Dieter Rams, aquel tipo austero y práctico que cambió el sentido del Diseño para la compañía alemana Braun y para el mundo. Y es que el Diseño continúa siendo identificado por su actuar creativo en lo superficial, lo estético y lo simbólico.
Se consideran superadas las discusiones sobre qué es Diseño, el objeto y objetivo de la profesión; pero echemos un vistazo al actual discurso sobre el tema y nos revelará lo contrario. Los propios diseñadores incorporamos cada día una sorprendente heterogeneidad de variaciones simbólicas que aumentan el continente y reducen el contenido de nuestro quehacer a la de actores creativos.
Y es que crear, como concepto que le da vida a la “creatividad”, se asocia más a una producción sin antecedentes, “desde cero”, que a la transformación de algo preexistente o con algunas respuestas y condicionantes previas. Se identifica más con el “genio creador” individual e iluminado que con las aportaciones colectivas a una solución. Esta dañina noción del Diseño como lo creativo restringe el objeto de actuación y sobredimensiona la práctica individual.
La representación social del Diseño está distorsionada por la tipología de objetos que en la cotidianidad simbólica elevan una de sus dimensiones (la formal) al rango de arte. Reconocidos como “objetos de diseño”, estos son productos marcados por el Diseño y el protagonismo del autor, que se posicionan como algo caro, glamuroso, centrado en lo bello, con hipertrofia de los aspectos formales y de moda sobre la funcionalidad y el uso.
No es casual que de todos los perfiles de diseñadores que existen, sean los referentes de éxito aquellos que han asumido el objetivo del diseño como un acto de agregación de valor simbólico. La forma se convierte en valor, el valor en mercancía y capital; y el Diseño deviene en argumento de venta, en criterio de precio y de especulación comercial, condición que transforma un simple valor agregado en “mercancía de consumo abstracto” y donde lo diseñado no se usa, sino que se expone.
La fama de la disciplina, sus profesionales y productos, termina siendo una necesidad sistémica legitimadora del consumismo y práctica de vida. Es importante tener una “obra” en la sala, sentarse en ella y adquirir, así, el rango de consumidor de Diseño, actitud que se aleja de los propósitos fundacionales de la profesión.
Obviamente, esta representación socialmente predominante no puede considerarse un error ni una casualidad, se trata de una postura ideológica vinculada con el modelo socioeconómico que nos invade y que contradictoriamente ignoramos o subestimamos.
Si esta imaginería se instala y arraiga en nuestro medio, será muy difícil recuperar la verdadera noción del Diseño. El público consumidor, los empresarios, los políticos, los estudiantes y hasta los profesores caerán en la tentación de adherirse a la postura seudocultural triunfante.
Ante esta realidad nos preguntamos: ¿De quién es la culpa: del modelo, de la industria, de la sociedad o del Diseño? No existen buenas respuestas a preguntas mal realizadas. Para que la relación del Diseño con la cultura sea estructural será necesario tener conciencia colectiva del problema y, en consecuencia, actuar juntos.

De izquierda a derecha: Mezcladora Portatil (1951), Radio P1 (1957) y Reloj de Pared (1954), productos diseñados por Dieter Rams para la firma Braun, a principios de los años 50.
CONCIENCIA, MIRANDO LO QUE VES
Diseñar con conciencia, con conocimiento de causa, podría ser la solución: conocer qué efecto tiene lo que hacemos, para qué y para quién creamos. En este sentido, el sistema de valores y la postura ética con la que interpretamos la realidad es la condición de partida para cualquier intento de desarrollar propuestas viables y emancipadoras con conciencia.
Podemos observar con preocupación que son más los proyectos que enfocan obsesivamente el aspecto comercial de los productos, sin profundizar en la esencia social y transformadora de la profesión. En esta contradictoria práctica, el Diseño despliega un discurso de camuflaje entre una aparente conciencia de servicio a la sociedad y el ideal individual de lucro y éxito económico.
Para que los diseñadores en su conjunto puedan trabajar seria y sostenidamente al servicio de la sociedad y no del mercado, son indispensables cambios estructurales política y económicamente transformadores, o sea, cambios sociales.
Si no entendemos la naturaleza de las cosas, podemos denunciar las contradicciones, pero no superarlas. ¿Qué sentido tiene diseñar otro modelo de silla, vestido, identidad, reloj o automóvil solo con el propósito de cambiar la forma, el material o el color, sin mejorar su uso, sin innovar en su función y sin ofrecer valor agregado desde una postura sostenible?
No es suficiente diseñar como lo hemos hecho hasta hoy, en muchos casos tan bien, que merecemos premios, aplausos y fama, y sin embargo, muchos de los “buenos diseños” asumidos como referencia, aumentan la desigualdad, contaminan el medioambiente, extinguen culturas y globalizan el consumo desmedido.
Para que los diseñadores en su conjunto puedan trabajar seria y sostenidamente al servicio de la sociedad y no del mercado, son indispensables cambios estructurales política y económicamente transformadores, o sea, cambios sociales.
No pretendo propagar una actitud o patrón de diseño para el mundo, sería un error interpretar esta demanda como la expresión de un requerimiento normativo de cómo un diseñador debe actuar hoy. La intención es más modesta: fomentar una conciencia crítica pero objetiva, que nos permita encarar el enorme desequilibrio entre los centros de poder y las personas sometidas a esos poderes, una conciencia que ponga valor y no precio a lo que hacemos.
- Iko Creative Prosthetic (Carlos A. Torres). Proyecto premiado en la Bienal Iberoamericana de Diseño 2016.
- Clandestina 99% diseño cubano (Idania del Río). Proyecto premiado en la Bienal Iberoamericana de Diseño 2016.
- Ooho! (la Gotella), (Skipping Rocks Labs). Proyecto premiado en la Bienal Iberoamericana de Diseño 2016.
LO SOCIAL EN EL DISEÑO
Un análisis de lo social, sin caer en la obviedad de la dimensión social del Diseño como fenómeno condicionante de una respuesta proyectual, nos coloca en la necesidad de cambiar la pregunta para encontrar una respuesta y en vez de preguntar qué es Diseño social, habría que descubrir qué es lo social en el Diseño.
Esta es una profesión donde convergen paradojas y contradicciones propias. En el contexto actual, local, virtual y mundial hay que redimensionar el valor de lo social en contraposición a que nuestro trabajo sea, cada vez más, patrimonio de una minoría hegemónica.
Definir lo socialmente significativo para comprometer nuestro desempeño con conciencia es una tarea pendiente para el Diseño. Esto implica considerar los acontecimientos políticos, económicos y sociales para actuar en consecuencia. Pero, ¿qué hacer si los diseñadores rehúyen de la palabra política, ignorando que el Diseño es, en cualquiera de sus manifestaciones, un acto político en sí mismo de gran incidencia social.
La resemantización del objeto de la profesión de los diseñadores es una tarea prioritaria que necesita “desobediencia epistémica”, una invitación a dudar radicalmente de los esquemas de referencia del pensamiento imperante (Mignolo, 2010). En estos nuevos escenarios la tarea de los diseñadores podría consistir en proyectar soluciones y no soporte a funciones; la solución incremental a los problemas no solo está en los objetos, también vive allí donde las relaciones, la convivencia y los servicios se llaman sociedad.
Hacer juntos, recombinar lo que existe, reinventar tradiciones, alinear motivaciones y sentirnos como parte de la solución es innovación social, y eso es mucho más que trabajar con personas y tecnología. Se trata de diseñar la solución a problemas desde una nueva mirada a las relaciones entre las personas, tomando como eje conductor la participación, el compromiso y la confianza mutua. Hablamos de una nueva escala proyectual, más cerca del hombre y en un territorio compartido, donde se integran en una solución el esfuerzo colectivo y la motivación individual.
Sería ingenuo pensar que la puesta a punto de esta conceptualización de una vida mejor está al doblar de la esquina. Se necesita voluntad política, accionar comprometido y sobre todo fundamentación científica: sin ciencia no hay desarrollo, cambios complejos precisan de pensamiento con ciencia.
DISEÑEMOS CON CIENCIA
El Diseño como profesión siempre se ha caracterizado por su capacidad de apropiarse y absorber los conocimientos que se generan en otros campos del saber. Los cambios revolucionarios ocurridos en la ciencia, en la tecnología y en la praxis exigen nuevas perspectivas epistemológicas y metodológicas de la profesión. Aplicar nuevos saberes, y potenciar cambios profundos en las mentalidades con ciencia y conciencia, es una tarea inaplazable en nuestro desempeño.
El Diseño ha intentado tender puentes hacia las ciencias, pero no viceversa. Podemos especular con que en el futuro el diseño será una disciplina básica de todas las áreas científicas. Sin embargo, no tenemos tiempo, el futuro es hoy, no se puede esperar que las aguas ocupen su nivel.
No es casual que los resultados de proyectos que exponemos desde países en desarrollo y menos favorecidos económicamente sean mutaciones artesanales, intentos identitarios forzados, productos de baja intensidad tecnológica, innovaciones incrementales. Muy pocos resultados de punta son socializados y, peor aún, para proyectarlos necesitamos de una Mac.
Relacionar las actividades del Diseño con las ciencias no debe malinterpretarse como la demanda de un Diseño científico o como un intento de transformar la profesión en ciencia. Sería una exageración aplicar años de investigación científica al proyecto de una taza de café, pero no deberíamos prescindir de la ciencia al diseñar una nueva manera de entender al hombre como ser social y profundizar en la complejidad de sus relaciones y comportamientos.
Si queremos crear para el ser humano en sociedad, habrá que expandir el dominio de lo conocido a la complejidad de los sentidos, sentimientos, sensaciones y relaciones, desde una visión más transdisciplinar e integradora.
Necesitamos actuar diferente y para ello se requiere de visiones y estrategias alternativas de la ciencia, la tecnología y la innovación en el Diseño. La comprensión social de la ciencia y la tecnología puede contribuir como ejemplo a ese esfuerzo.
REDISEÑAR EL FUTURO
El proceso que vive hoy América Latina en la búsqueda de nuevos horizontes por necesidad de cambio y subsistencia, nos dibuja un panorama plagado de oportunidades donde el Diseño y sus profesionales pueden, con su quehacer, transformar realidades.
Los cambios en los patrones de vida de nuestra gente tienen que ser para mejor, no es posible seguir mostrando un “Diseño pobre y social”. Necesitamos cambiar no copiar, no cometamos los mismos errores. Contamos con diseñadores comprometidos con la profesión, con el cambio, con la gente y con su patria; profesionales entregados a la profesión, con una postura intelectual y ética, capaces de integrarse a grupos científicos y de integrar ciencia a su actuación.
Pero hoy la realidad es otra: la organización del ejercicio profesional favorece la individualidad, la competencia y el trabajo privado. Poco o nada favorece la integración y transversalidad necesarias en nuestra actuación; muchas barreras nos alejan de la ciencia y mutilan la conciencia. No podemos seguir haciendo lo mismo si queremos resultados diferentes.
¿Dónde están las oficinas de Diseño social, las agencias de prospectiva y desarrollo, las asesorías, los centros de estudio, incubadoras de empresas, fábricas y laboratorios de prototipo? ¿Cuál es la fuente de financiamiento para trabajar en lo que realmente interesa a la sociedad y a la gente? ¿Qué sucede con los doctores en Diseño, la inserción de diseñadores en equipos de investigadores y los Centros de Investigación y Diseño?
Hay que enamorarse del proyecto y derrochar esfuerzos; estamos a tiempo, recordemos que el punto de partida de todo Diseño está en la decisión de qué hacer. Para identificar y definir un problema hay que ser más creativo que para resolverlo. Rediseñemos el objeto y sentido de nuestra profesión, para el mundo en que vivimos.
Tomado de la Revista La Tiza No.3




