31 julio, 2020

«Sanas Palabras» 23 de junio

23 de junio

Unos extraños movimientos se efectúan en el interior de la zona roja. Adrián, habitualmente guardián de la Aduana de los Mundos, se ha enfundado el traje “espacial” y atraviesa la frontera junto a Michelle. Ambos cargan una gran pantalla que deben instalar y probar en uno de sus cubículos. Afuera un grupo técnico prepara las condiciones para la transmisión. Todavía no sé bien qué ocurre, pero me visto y entro detrás de ellos, teniendo en cuenta los debidos cuidados y la vigilancia de otros brigadistas (estuve tentado a escribir colegas, pero la verdad es que yo lo soy únicamente si se entiende que un equipo puede llegar a ser una sola voluntad, y yo, permiso para decirlo, soy parte del equipo). Entonces me explican: mañana es el Día de San Giovanni, patrón de la ciudad. La intención es que los enfermos disfruten de la transmisión en vivo de la fiesta tradicional.

Se prepararon las condiciones para transmitir en vivo para los pacientes hospitalizados las celebraciones por el Día de San Giovanni.

Mi primera interlocutora lleva 42 días hospitalizada y ha dado positivo a 10 pruebas de Covid; la segunda tiene 32 días de ingreso y 8 pruebas positivas (solo cuento los días transcurridos en este hospital). Se encuentran asintomáticas. Caminan con cierta libertad y no parecen enfermas, pero lo están, mientras que el tampón no demuestre lo contrario. Son amigas. Ambas trabajan en el sector. María Pía es asistente dental —ya me referí a ella en una crónica anterior— y Martina Marongiu es enfermera en un centro para pacientes en estado terminal. Adquirieron el virus en el trabajo. Se sienten bien atendidas, casi como en casa. Sin embargo, añoran la luz del sol. Todas las ventanas de la zona roja están cerradas y cubiertas con papel negro.

Se emocionan al saber que verán las fiestas, a la vez paganas y religiosas, celebradas desde la Edad Media. Martina es más locuaz en cuanto a lo que le dicta su fe: explica su devoción por el Santo y me cuenta lo que habitualmente sucede este día, desde la procesión que parte de la Catedral, hasta los espectáculos callejeros, juegos, conciertos, animaciones para niños y eventos deportivos. “¡Y los fuegos artificiales de San Giovanni!”, expresa con alegría la niña que late en ella. Los pobladores que arriban de todas las provincias disfrutan del espectáculo ubicados a lo largo de la hermosa ribera del río Po y desde la abarrotada Plaza Vittorio, que Michelle insiste en definir como “la más grande a cielo abierto de toda Europa”. Este año nada será igual, pero se transmitirán la misa y el concierto por televisión y por la web, y se han unido para ello los recursos y el talento de las ciudades de Turín, Génova y Florencia.

Martina y María, dos de las “inquilinas más antiguas” del hospital, esperan ansiosas las fiestas del patrón de la ciudad.

Martina y María no saben cuándo saldrán de esta extraña prisión. Se refieren con afecto a los médicos italianos y cubanos: “Es increíble cómo se han integrado en un solo equipo, y nos curan y nos traen alegría”. Ellas son de las inquilinas más antiguas. Ya no se recibirán más pacientes. Mañana entraré otra vez para ver junto a ellas, junto a las mujeres y a los hombres que no ven la luz del sol hace ya varios meses, junto a los médicos y enfermeros que estarán nuevamente allí, al pie de sus camas, de sus sillas de ruedas, de sus esperanzas, una fiesta que vio pasar muchas pandemias y las creyó superadas, pero que siempre anuncia la vida y la enarbola.

Enrique Ubieta