13 julio, 2020

«Sanas Palabras» 9 de junio

9 de junio

Se llama Elena Pinzario y es rumana. Es la paciente de alta número cien. Tiene cincuenta y dos años, no padece de ninguna enfermedad, salvo que la Covid le produjo lesiones isquémicas en el intestino delgado. Le hicieron una ileostomía, la cual debe repararse a partir de los seis meses, en dependencia de su evolución. Su herida quirúrgica fue curada hasta que cerró por completo. Los exámenes complementarios evolucionaron bien. Se adaptó a la dieta inicial, pero ya la tiene libre.

Su esposo y sus dos hijos la esperan en casa. Solo que la casa no está en Italia. Hace apenas dos días su mamá falleció, eran las 2:30 de la tarde. Eso lo sabe con exactitud su médico —el joven cirujano cubano Luis Miguel Osoria Mengana, de treinta años de edad—, porque ella se lo dijo unos minutos después por WhatsApp.

─ ¿Ustedes se escribían? —le pregunto a él.

─ Sí, cuando yo estaba fuera de la zona roja me escribía, me decía si se sentía bien o mal, me preguntaba cuando tenía dudas o me pedía que entrara si creía que era necesario que la viera, me enviaba fotos.

Es operadora sanitaria (auxiliar de enfermería) y vivía en un apartamento que alquilaba junto a una compañera de trabajo. La pandemia, paradójicamente, le había ofrecido una posibilidad de trabajo en su vecina Italia. Pero enfermó de Covid. La traen en silla de ruedas hasta la puerta y cubanos e italianos la fotografiamos. Sabe que es la paciente recuperada número cien y saluda, emocionada. Entonces aparece Luis Miguel, lo abraza y dice: “¡Este es mi médico cubano!”.

Elena Pinzario abraza a su médico Luis Miguel, y dice: “¡Este es mi médico cubano!”. (Nota del autor.)

Una hora más tarde cumplimos el rito, esta vez bajo una impertinente lluvia. La madre de Michele ha confeccionado una cinta blanca especial, algo más grande, con un cien bordado en rojo. Ella fue la que preparó la tela que dio la bienvenida a la Brigada Henry Reeve en el Aeropuerto de Turín; la recortó de su juego de cama nupcial, un regalo de bodas. Los doctores Sergio Lavigni, director del hospital y Julio Guerra, jefe de la brigada cubana, colocan la cinta.

Una hora más tarde cumplimos el rito, esta vez bajo una impertinente lluvia. (Nota del autor.)

No es el final, sino un nuevo comienzo. Una brigada se ha ido y estamos más solos ahora, pero seguiremos peleando aquí, en Turín; si hay cura para la pandemia, tendrá que haber cura para este mundo loco.

El paciente recuperado número cien no marca el final, sino el comienzo de otra etapa para la brigada cubana.

Enrique Ubieta